Mitos y realidades sobre el huevo

Pocos alimentos son tan comunes en la mesa como los huevos, pero a pesar de que todos los comemos, veces no sabemos lo suficiente sobre ellos y opinamos de oídas perpetuando algunos mitos sobre este alimento que hace tiempo que están descartados por la ciencia. Vamos a conocer cuáles son los mitos y cuáles son las realidades sobre el huevo.

Es un alimento muy completo: Cierto. Las vitaminas del huevo son la A, B2, B12, D y E y contienen además Fósforo, Selenio, Hierro, Yodo y Zinc.

Causa colesterol: Falso. Es un mito. El huevo contiene colesterol, pero el colesterol presente en los alimentos no tiene por qué traducirse en colesterol en sangre. Su porcentaje de grasas es moderado y muy saludable.

Se debe de tomar al desayuno: Cierto. Esto no quiere decir que no sea un buen alimento para el resto de las comidas del día, pero es en el desayuno cuando mejor se aprovechan todas las ventajas de este alimento. Deberíamos de tomar nota de otros países en los cuales el huevo al desayuno es algo tan normal como aquí el café.

Los huevos fritos engordan mucho: Falso. Es cierto que los huevos fritos engordan más que los huevos cocidos o los que se hacen escalfados. Pero lo cierto es que no absorben demasiado aceite y la cantidad que pueden recoger es muy limitada, por eso no importa si se hacen en poco o en mucho aceite. Si se escurren bien al acabar de cocinar no van a aportar un número excesivamente alto de calorías.

Son muy saciantes: Cierto. Esto es así porque tienen un alto contenido en proteínas. Por eso son muy adecuados para las dietas de adelgazamiento ya que con pocas calorías se consigue no tener hambre durante horas. Esto es también un motivo por le que se recomiendan los huevos por la mañana.

No hay diferencias entre los huevos blancos y los morenos: Cierto. Son exactamente iguales, como también son iguales las variedades con color azul verdoso de algunas gallinas. Las preferencias van por países y mientras que en España la gente apostó por los morenos porque le parecían más caseros, en otros países los huevos que hay en el supermercado son prácticamente todos blancos.

Los huevos cocidos son indigestos: Cierto. No tienen por qué sentar mal, pero la grasa coagulada de la yema es más complicada de digerir para el organismo. Por eso, si alguien está mal del estómago se le aconseja que no tome huevos cocidos.

GRATIS ES LA PALABRA CLAVE

Parece que a la gente cuando les dices que pueden conseguir algo gratis es como si fuese una droga a la cual no se puedan resistir, siempre que se van al supermercado todo el mundo va buscando las ofertas que mejores precios tengan y si les regalan algo pues mucho mejor. Parece que se van para casa con una satisfacción total creyendo que han conseguido todo lo que han podido gratis, pero se equivocan ya que solo se llevan lo que el supermercado o alguna marca les dejan o ya tenían pensado.

 

Algunas marcas ofrecen unos sistemas de puntos con los cuales se pueden conseguir un montón de productos supuestamente de forma gratuita, pero no son gratuitos ya que ya te habías gastado el dinero en los productos con los que conseguiste los puntos, como con central lechera asturiana puntos que primero hay que comprar los productos de la central lechera asturiana para poder acceder a los puntos que podrás canjear por otros productos de la misma casa.

 

Y esto no sucede solamente en nuestro país creo que sucede por todo el mundo por igual, parece que lo de las cosas gratis debe de estar en nuestro adn, es saber que lo que no necesitas es gratis para de repente darte cuenta de que es algo imprescindible para ti o para algún conocido o familiar tuyo. Es un poco triste que con una cosa así de sencilla nos tengan dominados como si fuésemos unos corderitos, eso es porque somos demasiado simples. Creo que hay que dejar que nos influya la palabra gratis, alguna gente ya se ha dado cuenta de lo que están tratando de hacer con todos nosotros, si no les haces caso aunque escuches lo de gratis no tendrá ningún poder sobre ti, pero para eso hay que ser capaz de gastar lo justo y no comprar cosas a lo loco que a lo mejor ni tan siquiera te hacían falta. Pero para eso hace falta desconectar un poco de la civilización, una vez que te acostumbras a vivir con lo justo después no piensas en comprar cosas inútiles.

El boom de los productos ecológicos

Al lado de mi casa han abierto un supermercado ecológico y a la vuelta de la esquina hay otro súper que tiene un apartado especial de productos ecológicos. El otro día estábamos haciendo la compra y un niño de unos diez años no paraba de preguntar a su madre: “mamá, ¿esto es ecológico? ¿Y esto?”. El niño estaba obsesionado con los productos ecológicos, a buen seguro que porque sus padres los suelen comprar.

En nuestro caso, lo ecológico no llega a la obsesión pero sí mostramos interés hacia esta tendencia del mercado alimentario. El otro día, por ejemplo, sorprendí a mi mujer leyendo las  propiedades de la leche de avena debido a las ‘presiones’ de algunos compañeros de la oficina.

Según me cuenta hay un grupo de compañeros bastante jóvenes que llevan siempre comida ecológica y que casi compiten entre sí para ver quién lleva el plato más raro… y ecológico, por supuesto. El tofu es el nuevo pollo y las algas la nueva lechuga. Se sienten mejor comiendo así y algunos compañeros que se meten una hamburguesa de carne de vacuno entre pecho y espalda les miran con cierto recelo y piensan: “¿cómo pueden estar tan felices con una ensalada de tofu, con la mal que sabe?”.

Un día mi mujer llegó a casa diciendo que teníamos que ir corriendo a ese supermercado ecológico que hay al lado de casa. Se supone que, desde un punto de vista legal, los productos ecológicos deben llevar un logo que atestigüe que lo son. De esta forma, se asegura que no han sido usados productos químicos en su elaboración. Eso es lo que me dice mi mujer cuando me habla maravillas de las propiedades de la leche de avena. Sí, ella también ha dejado la leche de vaca porque es lo peor de lo peor.

¿Son realmente más sanos los alimentos ecológicos? Según la OCU, no hay evidencias científicas de que sean mejores, ni peores. Lo que está claro es que es un negocio al alza que tiene obnubilados a millones de personas en todo el mundo y que, no cabe duda, irá a más en los próximos años.

La Yihad antiláctea

Mientras no me siente mal o un médico me recomiende dejar de tomar leche de vaca yo seguiré ‘fiel’. Llevo tomando leche, sobre todo leche central asturiana, desde que tengo uso de razón y hasta donde yo sé, y sé bastante sobre mí mismo, nunca me ha dado ningún problema. Pero no opinan lo mismo miles de personas que en los últimos tiempos han puesto la leche animal en su punto de mira.

Lo último ocurrió hace pocos días en un restaurante vegano de Cataluña en la que se invitó a una cliente a dejar de dar el biberón a su bebé porque contenía leche animal. Según denunció posteriormente la afectada, el dueño del local le pidió con malas formas que dejara de dar el biberón porque en su local no se permite leche no humana…

Esta especie de “Yihad antilactea” afecta a cada vez más personas. Si bien el caso anteriormente expuesto es un ejemplo extremo, no son pocos los que te miran mal tan solo por beber  leche central asturiana. Son aquellos que defienden el consumo de bebidas vegetales como alternativa.

En mi opinión, las bebidas vegetales que toman como base alimentos como la soja, el arroz, la almendra, etc., son interesantes productos alternativos. Muchas personas son alérgicas a la lactosa y así pueden seguir consumiendo un producto ‘parecido’ a la leche animal. Y luego están aquellos consumidores que por decisión propia (y respetable) abandonan la leche animal aunque no tengan ninguna alergia. Pero de ahí a hacer esta ‘campaña de acoso’ contra los bebedores de leche hay un trecho.

Tampoco puedo poner puertas al mar. Los patrones de consumo cambian. No hay nada malo en ello, siempre y cuando se vaya a mejor, ¿no? Si la gente ha decidido que la leche de vaca es solo para niños (o ni siquiera eso) allá cada cual. De cualquier manera, convendría un poco menos de radicalismo y más respeto por las decisiones de cada uno. Porque dentro de poco deberemos preguntar a las autoridades si podemos tomar un café con leche (de vaca), no vaya a ser que nos metan en la cárcel.