Dicen que nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena y del técnico de reparación calderas Sanxenxo cuando llega el frío. Y, para entonces, son ya muchos los que han hecho sonar su teléfono para que acuda a reparar su caldera.
Las calderas, especialmente las que tienen muchos años, pueden fallar al encenderse tras meses de estar apagadas. Por eso es importante revisarlas antes de que llegue el frio para que estén listas cuando sea el momento de encender la calefacción y estén a todo rendimiento en ese momento.
En el caso de que sea necesario cambiar la caldera, muchos clientes deciden cambiar también el sistema de calefacción, sobre todo en aquellos hogares en los que hay depósitos de combustible para nutrir las calderas. El tener la previsión de mirar todo a tiempo ayudará a que la obra pueda estar lista a tiempo para que el nuevo sistema, ya sea a gas o con energías verdes, esté a tiempo para funcionar cuando sea necesario.
El dejar las cosas para última hora puede hacer que se sufran retrasos en el inicio de la calefacción y tal y como tenemos el tiempo de revuelto en los últimos años, el invierno puede llegar en enero, pero también puede llegar en octubre, por lo que es necesario estar preparados desde el primer minuto. Esto es especialmente importante si en la vivienda hay personas muy mayores o niños, que pueden acusar más el frío o si se vive en una zona de interior especialmente fría.
Por eso, se recomienda encender la calefacción a finales de agosto, aunque esto nos resulte muy poco atractivo y tengamos que hacerlo con las ventanas abiertas, para comprobar que calienta como es debido y que todos los radiadores funcionan tal y como deben. Se puede aprovechar y hacerlo durante toda la mañana para luego abrir la casa y que airee el resto de la tarde, sobre todo si tenemos planes para pasar el día fuera, y al caer la noche de modo que no haya calor acumulado cuando tengamos que meternos en la cama.
De igual modo, los sistemas de aire acondicionado que se usan solo en verano deben de comprobarse a finales de marzo o primeros de abril para tenerlos listos en caso de que nos sorprenda un mayo caluroso o una ola de calor en junio, algo cada vez más frecuente.