Miedo a lo barato: Mi primera vez en un parking low cost en Oporto

Volar desde el aeropuerto Francisco Sá Carneiro (Oporto) siempre ha sido la opción inteligente para mi bolsillo. Los vuelos suelen ser más baratos y hay más destinos directos que desde mi ciudad. Sin embargo, siempre me topaba con el mismo obstáculo logístico: ¿qué hago con el coche?

Hasta ahora, tenía dos estrategias: molestar a un familiar para que me llevara (y se comiera el viaje de vuelta) o pagar el parking oficial del aeropuerto, cuya tarifa por una semana amenazaba con costar más que el propio billete de avión. Esta vez, decidido a optimizar el presupuesto, me atreví a reservar en uno de esos famosos parkings «low cost» situados en el perímetro del aeropuerto.

Admito que iba con prejuicios. La etiqueta «low cost» a veces me hace imaginar un descampado de tierra sin vigilancia donde dejas el coche a la buena de Dios. Pero la realidad me dio una bofetada, y de las buenas.

La llegada: Eficiencia industrial

Reservé online, con cierto recelo, atraído por una tarifa de apenas 5 o 6 euros al día. Al llegar a la dirección indicada, a unos 4 minutos de la terminal, me encontré con un recinto vallado, asfaltado y con cámaras de seguridad. Nada de barro ni descampados oscuros.

El proceso fue de una rapidez pasmosa. Apenas aparqué el coche en la zona de recepción, un empleado uniformado ya estaba comprobando mi reserva en una tablet. Me explicaron el procedimiento con claridad: «Deje las llaves (por si hay que moverlo por seguridad), suba a la furgoneta y le llevamos a salidas».

El traslado: La prueba de fuego

Este era mi mayor miedo: perder el vuelo esperando al transporte. No pude estar más equivocado. La furgoneta de traslado (shuttle) estaba encendida y esperando. Éramos solo mi pareja y yo. El conductor, amable y hablando un «portuñol» perfecto, nos dejó en la puerta de Salidas en menos de cinco minutos. Fue incluso más rápido que caminar desde las plazas lejanas del parking oficial P6 low cost del propio aeropuerto.

El regreso y el veredicto

La verdadera prueba de calidad es la vuelta. Aterrizas cansado, es de noche y solo quieres irte a casa. Siguiendo las instrucciones, llamé al número que me dieron nada más recoger las maletas. Cuando salimos a la acera de llegadas, la furgoneta apareció en tres minutos.

Al llegar al parking, mi coche estaba esperándome en primera fila, listo para salir. Le di una vuelta rápida: ni un rasguño, ni rastro de suciedad extraña. Pagué lo acordado (una fracción de lo que habría pagado en la terminal) y me fui a casa con la satisfacción de haber descubierto un truco viajero esencial.

Estrenar el Parking Low Cost Porto me enseñó una lección: a veces, el servicio externo se esfuerza más porque tiene que ganarse tu confianza. No solo ahorré dinero, sino que el servicio «puerta a puerta» me resultó más cómodo que arrastrar las maletas por el parking oficial. Sin duda, mi coche ya tiene su «hotel» habitual para el próximo viaje.