El dispositivo inteligente que vigila la seguridad de tus mayores las veinticuatro horas

Existe una preocupación silenciosa y constante que habita en la mente de todos aquellos que tenemos padres o abuelos de edad avanzada viviendo solos, una especie de ruido de fondo mental que se activa cada vez que llamamos por teléfono y el tono da señal una, dos, tres veces sin que nadie descuelgue al otro lado. En ese preciso instante, la imaginación, que suele ser bastante catastrófica, nos lleva a visualizar escenarios terribles donde una simple pérdida de equilibrio se convierte en un drama de horas de soledad e indefensión en el suelo del pasillo, una pesadilla que afortunadamente la tecnología ha sabido mitigar con la invención del reloj alarma caida, un dispositivo que ha pasado de ser un gadget curioso a convertirse en el guardaespaldas invisible más eficaz para la tercera edad. La independencia es un tesoro que nuestros mayores defienden con uñas y dientes, negándose a menudo a abandonar su hogar de toda la vida para ir a una residencia o a casa de sus hijos, y este tipo de tecnología «ponible» es el puente perfecto que permite conciliar su deseo de autonomía con nuestra necesidad imperiosa de saber que están seguros las veinticuatro horas del día.

La magia de estos aparatos no reside en hechizos ni en vigilancia por cámaras tipo Gran Hermano, que invadirían su privacidad, sino en un pequeño componente llamado acelerómetro, una pieza de ingeniería sensacional capaz de distinguir entre un movimiento brusco cotidiano, como un aspaviento al ver un gol de su equipo favorito, y la fuerza G generada por un impacto contra el suelo. Cuando el reloj detecta esa desaceleración repentina e inusual seguida de una falta de movimiento, el sistema entra en acción de forma autónoma, asumiendo que el usuario podría estar inconsciente o incapacitado para pedir ayuda por sus propios medios. Es aquí donde la tecnología salva vidas, ya que sin necesidad de pulsar ningún botón (algo difícil si uno está aturdido o dolorido), el dispositivo inicia una secuencia de llamadas de emergencia a los números preconfigurados o a los servicios de urgencias, enviando además la geolocalización exacta vía GPS para que la ambulancia o el familiar no pierda ni un segundo buscando la dirección correcta.

Hay un componente de dignidad muy importante en el diseño de estos nuevos dispositivos, que han abandonado la estética de «aparato médico» o el estigma del clásico botón rojo colgado al cuello que gritaba a los cuatro vientos «soy vulnerable», para adoptar la forma de relojes inteligentes modernos y discretos que dan la hora, miden los pasos y hasta la frecuencia cardíaca. Esto facilita enormemente la tarea de convencer a nuestros padres de que lo lleven puesto, ya que no se sienten estigmatizados ni tratados como niños pequeños, sino que simplemente llevan un accesorio elegante que, casualmente, tiene la capacidad de salvarles la vida. Además, muchos modelos incorporan comunicación bidireccional, funcionando como un teléfono manos libres en la muñeca, lo que permite hablar con ellos directamente a través del reloj en caso de alerta, transmitiéndoles calma y confirmando la gravedad de la situación antes de movilizar a media ciudad, evitando así los falsos positivos que tanto nos asustan.

La tranquilidad mental que ofrece este sistema a las familias es impagable, pues elimina esa ansiedad latente de no saber qué está pasando cuando no hay respuesta al teléfono fijo. Saber que llevas en tu propio móvil una conexión directa con la seguridad de tus seres queridos te permite dormir mejor y trabajar más concentrado, confiando en que si ocurriera lo impensable, la tecnología actuará como ese ángel de la guarda digital que nunca duerme ni se despista. No se trata de controlar sus vidas, sino de proteger su libertad, permitiéndoles seguir bajando a por el pan, pasear por el parque o regar sus plantas con la certeza de que, ante cualquier tropiezo, no estarán solos. Invertir en este tipo de seguridad preventiva es, en el fondo, comprar tiempo de reacción, y en cuestiones de salud y accidentes domésticos, el tiempo es la única moneda que realmente marca la diferencia entre un susto y una tragedia irremediable.