Pequeños pasos hacia el altar

Dejar a un lado las auditorías, los Excel interminables y la pantalla del ordenador un sábado por la mañana para sumergirse en el mundo de la moda infantil es, cuanto menos, un choque de realidades. Pero cuando estás inmerso en los preparativos de tu propia boda, las prioridades cambian y hasta el detalle más insospechado cobra una importancia vital. Esta vez, la misión que nos había sacado de casa a mi prometida y a mí, paseando por el centro de Vigo bajo esa luz blanca tan nuestra, era encontrar los zapatos ceremonia para niñas de arras que nos acompañarán en el gran día.

Cruzar el umbral de una de esas zapaterías infantiles clásicas es entrar en un universo paralelo. Atrás queda el ruido del tráfico y las preocupaciones de la agencia; de repente, te ves rodeado de lazos, tules, charol y colores pastel. Yo, que suelo medir el éxito en gráficas de tráfico y posiciones en buscadores, me encontré de pronto analizando y debatiendo sobre las virtudes del blanco roto frente al beige empolvado.

La dependienta, con esa paciencia infinita de quien lleva toda una vida calzando a diferentes generaciones, nos fue sacando modelos sobre el mostrador. Las clásicas merceditas, los zapatos de lino, las bailarinas con cintas de raso… Cada par parecía más delicado que el anterior. Sin embargo, no todo es estética. Mientras observaba aquellos zapatos diminutos, no podía dejar de pensar en que, por muy elegantes que sean en las fotos, quienes los van a llevar son niñas pequeñas. Tienen que saltar, correr por los jardines después de la ceremonia y aguantar todo el evento sin que una rozadura les arruine la fiesta.

Nos decidimos finalmente por un modelo clásico pero renovado: unas merceditas de piel suave en un tono tostado, con una suela lo suficientemente flexible para garantizar la comodidad y un cierre seguro que aguantará cualquier carrera. Tocar la piel, comprobar los acabados y ver la ilusión en los ojos de mi pareja al imaginar el conjunto completo hizo que el habitual estrés de la organización se desvaneciera por completo durante un rato.

Salimos de la tienda con la caja bajo el brazo, caminando en dirección a la Alameda para tomar un café y celebrar otra pequeña victoria en la infinita lista de tareas. A veces, entre tantas llamadas a proveedores, presupuestos y preparativos, son estos detalles, los más pequeños y aparentemente mundanos, los que te hacen ser verdaderamente consciente de lo que está por venir. Comprar esos zapatos no fue solo tachar un recado más; fue dar un paso más, nunca mejor dicho, hacia ese día en el que todos los preparativos cobrarán sentido.